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Acaba de ser publicada en español la Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis del Santo Padre Benedicto XVI.
Recomiendo leerla completa.
En lo que se refiere a la adoración dice lo
siguiente:
Relación intrínseca
entre celebración y adoración
66.
Uno de los momentos más intensos del Sínodo fue cuando, junto con muchos
fieles, nos desplazamos a la Basílica de San Pedro para la adoración
eucarística. Con este gesto de oración, la asamblea de los Obispos quiso
llamar la atención, no sólo con palabras, sobre la importancia de la
relación intrínseca entre celebración eucarística y adoración. En este
aspecto significativo de la fe de la Iglesia se encuentra uno de los
elementos decisivos del camino eclesial realizado tras la renovación
litúrgica querida por el Concilio Vaticano II. Mientras la reforma daba sus
primeros pasos, a veces no se percibió de manera suficientemente clara la
relación intrínseca entre la santa Misa y la adoración del Santísimo
Sacramento. Una objeción
difundida entonces se basaba, por ejemplo, en la observación de que el Pan
eucarístico no habría sido dado para ser contemplado, sino para ser comido.
En realidad, a la luz de la experiencia de oración de la Iglesia, dicha
contraposición se mostró carente de todo fundamento. Ya decía san Agustín: «
nemo autem illam carnem manducat, nisi prius adoraverit; [...]
peccemus non adorando
– Nadie come
de esta carne sin antes adorarla [...], pecaríamos si no la adoráramos
».(191) En efecto, en la Eucaristía el Hijo de Dios viene a nuestro
encuentro y desea unirse a nosotros; la adoración eucarística no es si no la
continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el
acto más grande de adoración de la Iglesia.(192) Recibir la Eucaristía
significa adorar al que recibimos. Precisamente así, y sólo así, nos hacemos
una sola cosa con Él y, en cierto modo, pregustamos anticipadamente la
belleza de la liturgia celestial. La adoración fuera de la santa Misa
prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica. En
efecto, « sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y
verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Señor
madura luego también la misión social contenida en la Eucaristía y que
quiere romper las barreras no sólo entre el Señor y nosotros, sino también y
sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros ».(193)
Práctica de la
adoración eucarística
67. Por
tanto, unido a la asamblea sinodal, recomiendo ardientemente a los Pastores
de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística,
tanto personal como comunitaria.(194) A este respecto, será de gran ayuda
una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de
este acto de culto que permite vivir más profundamente y con mayor fruto la
celebración litúrgica. Además, cuando sea posible, sobre todo en los
lugares más poblados, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que
se pueden dedicar a la adoración perpetua. Recomiendo también que en
la formación catequética, sobre todo en el ciclo de preparación para la
Primera Comunión, se inicie a los niños en el significado y belleza de estar
junto a Jesús, fomentando el asombro por su presencia en la Eucaristía.
Además,
quisiera expresar admiración y apoyo a los Institutos de vida consagrada
cuyos miembros dedican una parte importante de su tiempo a la adoración
eucarística. De este modo ofrecen a todos el ejemplo de personas que se
dejan plasmar por la presencia real del Señor. Al mismo tiempo, deseo animar
a las asociaciones de fieles, así como a las Cofradías, que tienen esta
práctica como un compromiso especial, siendo así fermento de contemplación
para toda la Iglesia y llamada a la centralidad de Cristo para la vida de
los individuos y de las comunidades.
Formas de devoción
eucarística
68. La
relación personal que cada fiel establece con Jesús, presente en la
Eucaristía, lo pone siempre en contacto con toda la comunión eclesial,
haciendo que tome conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo. Por eso,
además de invitar a los fieles a encontrar personalmente tiempo para estar
en oración ante el Sacramento del altar, pido a las parroquias y a otros
grupos eclesiales que promuevan momentos de adoración comunitaria.
Obviamente, conservan todo su valor las formas de devoción eucarística ya
existentes. Pienso, por ejemplo, en las procesiones eucarísticas, sobre todo
la procesión tradicional en la solemnidad del Corpus Christi, en la
práctica piadosa de las Cuarenta Horas, en los Congresos eucarísticos
locales, nacionales e internacionales, y en otras iniciativas análogas.
Estas formas de devoción, debidamente actualizadas y adaptadas a las
diversas circunstancias, merecen ser cultivadas también hoy.(195)
El Santo Padre recomienda
la adoración y, como ya figurara en el otro documento, Redemptionis
Sacramentum, en el párrafo 140, alienta la adoración perpetua, al menos
en los centros urbanos.
Que el Señor, a través de
este documento magisterial, abra nuevas puertas a la Adoración Perpetua.
P. Justo Antonio Lofeudo
mslbs
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