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ROMA
2001
Este
congreso estaba organizado para 1600 sacerdotes y giraba en torno al
conocimiento y a la información de los grandes movimientos eclesiales y su
comunión entre ellos según el deseo del Papa.
Han
sido tres días maravillosos conociendo y oyendo experiencias de personas como
Chiara Lubbi, Andrea Ricardi, Salvatore Martínez, Jesús Carrascosa...todos
muy queridas por el Papa, a quienes ha confiado una gran responsabilidad en la
Nueva Evangelización del Tercer Milenio, reconociendo sus carismas.
El
Papa tiene muchas cosas grandes y buenas pero hoy nos vamos a fijar en una:
el
amor a los movimientos
que el Espíritu está suscitando en la Iglesia para su renovación y para la
Nueva Evangelización del Tercer Milenio. El Papa ha comprendido que para
evangelizar de nuevo la cristiandad y para evangelizar por primera vez al resto
del mundo, ya no bastan los
misioneros que han sido siempre los pioneros del Evangelio. Hoy hacen falta
cristianos evangelizados, es decir, cristianos tocados por el Evangelio o, dicho
de otra manera, cristianos que viven el Evangelio. Y para ello el Espíritu ha
suscitado en esta 2ª mitad el siglo XX, incluso antes; movimientos que están
renovando la Iglesia en su base y en su jerarquía. Son movimientos que
iluminados por el Evangelio y teniéndolo como guía redescubren de alguna
manera todo lo que se vivió en la Iglesia primitiva, todo lo que vivieron los
primeros cristianos en los tiempos de los Apóstoles. Estos movimientos son inspirados por el Espíritu Santo a una persona o, a varias, que emprenden un camino, van descubriendo la manera de vivir como cristianos y lo van intentando junto a otros hermanos, formando pequeñas comunidades. Así viven y traen a sus vidas y a sus hogares la unidad, la paz, todo edificado sobre el amor a Dios y el amor al prójimo. Y nacen cristianos nuevos, familias nuevas, parroquias renovadas y una Iglesia nueva donde se dan los signos verdaderos del cristianismo: el amor y la unidad, acompañados, adornados y enriquecidos por todos los dones y carismas del Espíritu Santo: el don de la alabanza, el don del amor a los pobres, el don de celebrar la Palabra de Dios, el don de la unidad, el don de la acogida...
El
Papa que como sucesor de San Pedro es el centro de la unidad,
de la caridad, de la universalidad en la Iglesia los ha reunido a todos en Pentecostés
del año 1998 y los
ha hecho abrazarse y amarse como hermanos y les ha dicho cosas muy bellas, y los
ha lanzado a Evangelizar al mundo en este Tercer Milenio para anunciar al mundo
globalizado que Jesús está vivo y da vida en abundancia y reconstruye a las
personas, a las familias, a las parroquias, a los pueblos, a la Iglesia. por eso
es necesario que en la Iglesia haya muchos caminos y muchos grupos donde cada
uno se encuentre con Jesús. Con Jesús se encuentra uno en el Evangelio y para
eso nada mejor que buscarlo donde se vive el Evangelio: en una comunidad
cristiana. Las comunidades cristianas no tienen otra finalidad que ayudarnos a
conocer el Evangelio, a amarlo y a vivirlo. De esta manera cada uno se
identifica con el mismo estilo de vida de Jesús que en una palabra consiste en
amar a Dios, obedeciendo su voluntad, es decir, cumpliendo sus mandamientos y en
amar al prójimo dando la vida por los hermanos en el amor fraterno de cada día.
Concluyamos
hoy con un acto de amor y de adhesión al Papa, este anciano misionero lleno de
vida que nos impulsa constantemente a amar a Dios y a amarnos entre nosotros.
Pidamos por él, por su salud, sus preocupaciones...AMEN. |
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